INAH descubre posible osario durante las obras del Tren México-Querétaro en CDMX: ¿qué encontraron?

2026-11-05 04:55:16 - MUNDO

Las obras del Tren México-Querétaro dejaron al descubierto un vestigio de la historia de la Ciudad de México (CDMX). Durante los trabajos de construcción cerca de la terminal Buenavista, especialistas del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) localizaron un depósito de restos humanos que posiblemente funcionó como un osario.

El descubrimiento incluye nueve osamentas, mandíbulas, huesos largos y diversos objetos arqueológicos que podrían ayudar a conocer cómo eran las prácticas funerarias de las comunidades que habitaron esta zona hace varios siglos.

De acuerdo con los primeros registros del INAH, el hallazgo podría corresponder al periodo Posclásico Tardío, entre 1200 y 1519 d.C., o a la etapa de contacto con los españoles, entre 1519 y 1535 d.C.

Se comenta que los objetos arqueológicos podrían provenir entre 1200 y 1519 d. C. o entre 1519 y 1535 d. C. Foto: Cuartoscuro

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El descubrimiento ocurrió el 17 de septiembre de 2026, durante los trabajos de terraplén para el tendido de las vías ferroviarias, en las inmediaciones de la terminal Buenavista, en la Ciudad de México.

Los primeros restos aparecieron a aproximadamente 1.40 metros de profundidad. Entre ellos había cráneos, mandíbulas, fragmentos de cadera, fémures, costillas y dientes.

Sin embargo, el hallazgo más relevante se identificó en una capa más profunda, donde los arqueólogos localizaron un depósito funerario cuyos huesos no conservaban una relación anatómica entre sí, una característica que apunta a que pudo tratarse de un osario.

Durante septiembre, se encontró un posible osario en las inmediaciones de la estación Buenavista, ubicado a 1.4 metros de profundidad. Foto: Cuartoscuro

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Hasta el momento, los especialistas contabilizaron nueve osamentas, de las cuales dos presentan modificaciones craneales. También recuperaron cinco mandíbulas en buen estado de conservación y huesos largos, entre ellos radios, tibias e iliacos.

La investigación todavía debe determinar la edad, el sexo y las características de las personas cuyos restos fueron recuperados. Estos estudios estarán a cargo del Laboratorio de Antropología Física del proyecto.

Además de los restos humanos, el equipo encontró objetos de cerámica correspondientes a la temporalidad Azteca III –1350-1520 d.C.–, entre ellos platos, ollas y salineras, recipientes que se utilizaban para extraer sal en el antiguo lago de Texcoco.

El conjunto arqueológico también incluye:

Siete malacates miniatura.

Dos figurillas.

Fragmentos de manos de metate y mortero.

Navajillas de obsidiana verde, posiblemente procedente de la Sierra de las Navajas, en Hidalgo.

Piezas de lítica pulida.

La combinación de estos materiales podría aportar información sobre las actividades cotidianas y las costumbres de las comunidades que ocuparon este territorio.

Entre los descubrimientos arqueologicos se registraron malacates en miniatura, navajillas de obsidiana verde, fragmentos de manos de metate, entre otros. Foto: Cuartoscuro

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Uno de los aspectos que vuelve relevante el descubrimiento es su ubicación, pues los restos aparecieron dentro de lo que antiguamente fue el calpulli de Nonoalco, uno de los 19 barrios prehispánicos del islote de Tlatelolco.

Además, el sitio se encuentra cerca de la iglesia de San Miguel Nonoalco, construida durante el siglo XVI y utilizada como capilla de visita por los frailes franciscanos del Convento de Santiago Tlatelolco.

Esta cercanía resulta importante para la investigación porque los materiales recuperados podrían corresponder tanto a los últimos años del periodo prehispánico como a los primeros momentos de la época colonial.

Su cercanía con la iglesia San Miguel Nonoalco podría ayudar a los arqueólogos para investigar con exactitud de qué periodo son estos restos. Foto: Cuartoscuro

De acuerdo con el INAH, los osarios se formaban cuando los restos de personas que habían sido enterradas previamente se retiraban de su lugar original y se trasladaban a otro espacio para depositarlos junto con otros huesos.

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Después de su registro en el sitio de excavación, los materiales fueron trasladados a los laboratorios de antropología física, lítica y cerámica del proyecto, ubicados en Tula de Allende y Tepeji del Río, en el estado de Hidalgo.

En el lugar pasarán por procesos de limpieza, restauración y análisis para determinar sus características y temporalidad, además de establecer qué información pueden aportar sobre las personas que habitaron esta parte de la actual Ciudad de México.

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