¿Cambia la historia de los mamíferos? El fósil argentino que adelanta el origen de las crías vivas

2026-08-14 17:07:29 - ARGENTINA

Un pequeño anillo de crecimiento conservado en los huesos de un animal que vivió hace unos 236 millones de años podría cambiar la historia de la reproducción de los mamíferos. El fósil de Chiniquodon theotonicus fue hallado en la Formación Chañares, en La Rioja, y esa marca microscópica sugiere que el animal pudo haber dado a luz crías vivas.

El hallazgo fue presentado en un estudio publicado el miércoles en la revista Frontiers in Mammal Science. El trabajo fue liderado por Leandro Carlos Gaetano, investigador del Instituto de Estudios Andinos Don Pablo Groeber, de la Universidad de Buenos Aires y el Conicet, junto con María de los Ángeles Miceli Baro, Ignacio Alejandro Cerda y Adriana Cecilia Mancuso.

El equipo también estuvo integrado por especialistas del Evolutionary Studies Institute de la Universidad de Witwatersrand, en Sudáfrica; la Universidad Nacional de Río Negro; el Museo Carlos Ameghino y el Instituto Argentino de Nivología, Glaciología y Ciencias Ambientales. La investigación tuvo como objetivo reconstruir la estrategia reproductiva de un animal extinto cuya biología no puede observarse de manera directa.

Cráneo fósil de Chiniquodon theotonicus hallado en la Formación Chañares, en La Rioja - Créditos: @Leandro Carlos Gaetano

La pista apareció al estudiar la microestructura ósea del ejemplar CRILAR-PV109, uno de los más de 50 ejemplares de de Chiniquodon theotonicus. Los investigadores analizaron en particular la ulna y el fémur, dos huesos largos en los que identificaron una línea neonatal, una señal asociada al nacimiento en numerosas especies actuales.

"Encontramos un anillo de crecimiento muy peculiar. Es una marca de crecimiento no cíclica, formada por un cambio brusco, es decir, una aceleración, en la tasa de crecimiento inmediatamente después del nacimiento", explicó Gaetano.

Según el investigador, esa línea corresponde a la circunferencia del hueso en el momento del nacimiento. A partir de ese registro, el equipo pudo estimar por primera vez cuál habría sido la masa corporal del Chiniquodon recién nacido. La marca permitió reconstruir un momento de su vida que rara vez queda preservado en un fósil.

Los autores sumaron además una comparación con miles de especies actuales para analizar la relación entre el peso al nacer y el tamaño del adulto. El resultado fue llamativo: la proporción estimada para Chiniquodon theotonicus se parece más a la de los mamíferos placentarios que a la de reptiles, aves, monotremas y otros grupos utilizados como referencia.

Microestructura ósea del ejemplar CRILAR-PV109 y la línea neonatal que permitió estimar su masa al nacer - Créditos: @frontiersin.org

Esa característica refuerza la hipótesis de que Chiniquodon theotonicus tenía crías relativamente grandes para su tamaño adulto y que el desarrollo embrionario ocurría dentro del cuerpo materno, una estrategia conocida como viviparidad. En los animales actuales, la viviparidad es propia de casi todos los mamíferos, con excepción de los monotremas, que ponen huevos, como es el caso de los ornitorrincos.

Hasta ahora, la interpretación dominante sostenía que los cinodontes no terios, incluidos los del grupo al que pertenece Chiniquodon, eran ovíparos. Sin embargo, el estudio no conserva un embrión ni una escena directa de un parto. La conclusión surge de la combinación de la línea neonatal, la masa corporal estimada al nacer y la comparación con especies vivas.

Durante mucho tiempo, los paleontólogos consideraron que la puesta de huevos era la forma reproductiva ancestral de los vertebrados. La viviparidad, en cambio, apareció en distintos linajes de manera independiente a lo largo de la evolución, pero en los mamíferos actuales quedó asociada con los grupos que desarrollan sus crías dentro del cuerpo de la madre.

Por eso, los investigadores plantean que el Chiniquodon theotonicus pudo haber sido vivíparo. "Demostramos por primera vez que el nacimiento de crías vivas estaba presente en al menos uno de los antepasados de los mamíferos", afirmó Gaetano.

La diferencia es fundamental porque no se trata solo de una variación en el modo de nacimiento. La viviparidad modifica la relación entre la madre y sus crías durante el desarrollo y puede ofrecer protección frente a ambientes variables, depredadores y períodos de escasez. En el caso de los cinodontes del Triásico, esa ventaja habría sido especialmente relevante.

Árbol evolutivo de los sinápsidos: la hipótesis del estudio sitúa la viviparidad en el Triásico, antes de lo esperado - Créditos: @frontiersin.org

El Chiniquodon theotonicus pertenecía a un grupo de cinodontes conocido como probainognatios, cercano al linaje que finalmente dio origen a los mamíferos. Sus restos ya habían aportado información sobre las características anatómicas de estos animales, pero el nuevo estudio incorpora una dimensión difícil de conocer en los fósiles: cómo se reproducían y cómo crecían sus crías.

Ese resultado implica que la viviparidad habría surgido en el linaje mamaliano entre 90 y 95 millones de años antes de lo que se estimaba. Hasta ahora, su origen se ubicaba entre finales del Jurásico y comienzos del Cretácico, pero esta evidencia retrotrae esa adaptación al Triásico superior.

La relevancia del hallazgo no se limita a una especie. Los cinodontes fueron un grupo de vertebrados cercano al origen de los mamíferos actuales que vivió durante el Triásico, un período de reorganización de los ecosistemas después de una de las mayores extinciones masivas de la historia.

En ese contexto, la viviparidad pudo haber ofrecido ventajas. "Los cinodontes prosperaron en el Triásico, un período de recuperación y reestructuración de los ecosistemas después de una de las extinciones masivas más devastadoras", explicó Mancuso. La investigadora añadió que la competencia por los recursos, la presión de los depredadores, la aridez y la fuerte estacionalidad pudieron favorecer una estrategia que protegiera a los embriones.

La confirmación definitiva dependerá de nuevos fósiles que permitan comprobar si el mismo patrón aparece en otros ejemplares de Chiniquodon theotonicus o en cinodontes emparentados. Si futuros fósiles confirman este patrón, la viviparidad deberá incorporarse como una adaptación mucho más antigua.

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