China elevó la presión diplomática sobre Estados Unidos y Venezuela después del acuerdo anunciado entre Washington y Caracas para desarrollar 17 campos petroleros venezolanos con reservas probadas de 65.000 millones de barriles.
El pacto, impulsado por el Gobierno de Donald Trump, contempla una vigencia de 25 años y un objetivo de producción superior a 1,5 millones de barriles diarios, según explicó la presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez.
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Además, del eventual control estadounidense de reservas y pozos petroleros en Venezuela, la preocupación de China está en el impacto que la nueva estructura podría tener sobre las inversiones de compañías chinas y, especialmente, sobre los miles de millones de dólares que Caracas todavía adeuda a bancos de China y que históricamente han estado vinculados a entregas de petróleo.
China reaccionó, aunque cuidadosamente: "Los derechos e intereses legítimos de China en Venezuela deben ser salvaguardados", afirmó el portavoz del Ministerio chino de Exteriores, Guo Jiakun.
El funcionario no confirmó que empresas estadounidenses vayan a asumir el control de campos que anteriormente estaban vinculados con compañías chinas como Sinopec y CNPC, pero señaló que Beijing había tomado nota de esas informaciones.
Guo insistió además en que la cooperación económica entre China y Venezuela está protegida por las normas internacionales y por las leyes de ambos países. "La cooperación entre China y Venezuela está amparada por el derecho internacional", afirmó, al tiempo que defendió que las relaciones económicas y comerciales deben basarse en la igualdad y el beneficio mutuo.
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El vínculo entre Beijing y Caracas se construyó durante los gobiernos chavistas y alcanzó su mayor intensidad durante la presidencia de Hugo Chávez. Desde 2007, bancos estatales chinos comenzaron a financiar grandes proyectos de infraestructura y energía en Venezuela. Los créditos estuvieron respaldados, en buena medida, por petróleo venezolano.
Para 2015, los bancos estatales chinos habían concedido al país más de US$60.000 millones en préstamos respaldados por crudo, de acuerdo con los datos públicos disponibles.
China se convirtió posteriormente en uno de los principales compradores del petróleo venezolano y en el mayor acreedor extranjero de Caracas, mientras empresas estatales como China National Petroleum Corp. (CNPC) y China National Offshore Oil Corp. participaron en proyectos de exploración y producción.
También hubo participación de compañías privadas chinas, entre ellas Concord Resources, en activos de exploración y producción. Pero la relación se fue deteriorando a medida que la economía venezolana colapsaba, la producción petrolera disminuía y las sanciones estadounidenses golpeaban al sector energético.
Venezuela dejó de publicar información detallada sobre sus obligaciones con China después de la cesación de pagos de su deuda soberana en 2017. Sin embargo, las estimaciones disponibles calculaban que la deuda con Beijing ascendía a por lo menos US$10.000 millones en 2025.
Aunque esa obligación es considerablemente menor que el máximo alcanzado años atrás, continúa siendo un elemento importante dentro de la relación económica entre ambos países.
El nuevo escenario petrolero genera dudas sobre si Estados Unidos controla parte de la nueva producción venezolana, ¿qué ocurrirá con los ingresos que históricamente podían destinarse al pago de la deuda con China?
Por su lado, el secretario de Energía de Estados Unidos, Chris Wright, señaló que Beijing no tendrá derecho a reclamar los ingresos derivados de la nueva producción venezolana. De concretarse esa posición, se cerraría una de las vías que Caracas podría utilizar para atender sus obligaciones con los acreedores chinos.
Michal Meidan, director de investigación sobre energía en China del Instituto de Estudios Energéticos de Oxford, aseguró: "El acuerdo disminuye la probabilidad de que la deuda se pague pronto".
El especialista también planteó dudas sobre si el asunto será discutido durante la próxima reunión entre Trump y el presidente chino Xi Jinping. "Será interesante ver si este tema se aborda a finales de este mes durante la reunión entre Trump y Xi, pero lo dudo", agregó.
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Para Estados Unidos, Venezuela se posicionó como un escenario estratégico dentro de una política más amplia para recuperar influencia estadounidense en el hemisferio y reducir la presencia de potencias como China y Rusia.
La administración Trump señaló que el control de recursos estratégicos es parte de sus intereses de seguridad nacional y ha definido a determinadas potencias extranjeras como "actores extranjeros malintencionados".
En ese contexto aparece la denominada "Doctrina Donroe", incorporada a la estrategia de seguridad nacional estadounidense, que plantea que Washington tiene derecho a impedir que potencias rivales posean o controlen activos considerados estratégicamente vitales en el hemisferio.
Desde esa perspectiva, recuperar influencia sobre los campos petroleros venezolanos tiene una dimensión que va mucho más allá del crudo. El objetivo sería evitar que China y Rusia consoliden posiciones estratégicas en un país que posee algunas de las mayores reservas petroleras del planeta.
Christian Reyes, analista de riesgo político radicado en Beijing, para medios internacionales, consideró que el caso venezolano podría establecer un precedente para la relación entre Estados Unidos y las inversiones chinas en América Latina."Venezuela no es necesariamente un precedente de expropiación directa, pero sí podría serlo de exclusión forzosa", afirmó.
Según el analista, Estados Unidos está empezando a considerar determinados vínculos económicos de los países latinoamericanos con China como asuntos relacionados con la seguridad nacional.
"Estados Unidos está cada vez más dispuesto a considerar ciertos aspectos de la relación económica de la región con China como una cuestión de seguridad y a ejercer una considerable influencia para imponer esas líneas rojas", agregó.
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Estados Unidos y Venezuela anunciaron un acuerdo que, según los términos divulgados por Caracas, permitirá a Washington participar en el desarrollo de 17 campos estratégicos con un potencial probado de 65.000 millones de barriles de petróleo. La meta de producción planteado supera los 1,5 millones de barriles diarios.
La magnitud de las reservas explica buena parte del interés estadounidense. Venezuela posee una de las mayores concentraciones de reservas de crudo del mundo, aunque durante años su producción estuvo muy por debajo de su potencial debido al deterioro de la infraestructura, la falta de inversión, las sanciones y la crisis económica.
Desde la captura de Nicolás Maduro en enero, Washington ha ejercido una fuerte influencia sobre el Gobierno encabezado por Delcy Rodríguez y restableció las relaciones diplomáticas con Caracas después de más de dos décadas de distanciamiento.
En este nuevo escenario, el petróleo se convirtió en uno de los principales instrumentos de la relación entre ambos países.
Aunque el acuerdo representa un desafío político para Beijing, el impacto sobre las compañías chinas podría ser menor de lo que inicialmente parece. China ha reducido su exposición a Venezuela durante los últimos años.
El petróleo venezolano representó apenas 4% de las importaciones totales de crudo de China en 2025. Además, no se registraron cargamentos venezolanos con destino a China desde que la administración Trump asumió el control de activos tras la captura de Maduro a comienzos de este año.
Las empresas chinas también habían disminuido su actividad en Venezuela debido al deterioro de las condiciones operativas y las dificultades para mantener los niveles de producción.
Por eso, la eventual pérdida de algunos campos petroleros podría tener un impacto limitado sobre las operaciones actuales de las compañías chinas.
El problema más importante está en otra parte, los acreedores chinos y la recuperación de la deuda venezolana. "Sudamérica ha sido durante mucho tiempo una encrucijada geopolítica donde los intereses de China y Estados Unidos confluyen y, en ocasiones, chocan", afirmó Liao Na, fundador de GL Consulting, firma especializada en investigación energética, para medios internacionales.
"Dada la importancia que ambas potencias otorgan a Venezuela, la fricción es prácticamente inevitable cuando sus intereses coinciden", añadió.
La nueva situación puede generar además consecuencias para el mercado energético chino. En particular,las refinerías independientes de la provincia de Shandong han utilizado durante años crudo pesado venezolano como materia prima para producir betún.
La interrupción de esos suministros contribuyó a una escasez de betún en el mercado interno chino y a un fuerte incremento de los precios de los contratos de futuros. Este problema interesa porque las refinerías chinas también están enfrentando interrupciones en el suministro de petróleo proveniente de Irán.
Así, aunque Venezuela representa una proporción relativamente pequeña de las importaciones totales de crudo de China, determinados segmentos de la industria sí pueden sentir con mayor intensidad la pérdida de ese petróleo pesado.
Para Beijing, el episodio ocurre además en un momento diplomático particularmente sensible. Xi Jinping tiene prevista una visita de Estado a Estados Unidos, la primera en más de una década, mientras funcionarios de ambas potencias intentan evitar una escalada en otros frentes de conflicto, desde los desequilibrios comerciales hasta el respaldo económico de China a Irán.
A comienzos de esta semana, además,el Gobierno estadounidense negoció una participación del 35% en North American Blue Energy Partners, empresa privada del empresario venezolano Alejandro Betancourt, lo que le proporciona acceso a los 17 campos petroleros locales incluidos en el acuerdo.
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